Las chicas hicieron silencio. Me miraban, tratando de adivinar como iba a reaccionar, pero estaba bloqueada.
En los últimos días, con la emoción de haber conseguido trabajo y departamento en Córdoba, había dejado que las expectativas por mi nueva vida taparan mis sentimientos por Ezequiel; pero ahora, con esa nota entre mis manos, todo tambaleaba. Ya no estaba tan segura de querer irme sin escucharlo. De repente, tenía miedo de estarme perdiendo algo.
…
Angustiada, le pedí a mis amigas que se fueran. Me encerré en mi pieza y busqué la caja donde guardo cada uno de los papelitos que me dejó, desde que nos conocimos, con ideas para que escriba una novela. Revolviendo un poco mis cajones, encontré una montaña de recuerdos, típicos y cursis, pero que me movilizaron más de lo que esperaba: fotos, entradas de recitales de Brits (todas autografiadas por él, otra de nuestras bromas internas), papeles de golosinas retro, y la entrada del recital de los Pet. Entre lágrimas, traté de imaginar mi vida en Córdoba, sin él, y mi vida acá, quizás trabajando en la agencia de Gonzalo, pero juntos. Una vez más, leí este blog, para encontrar alguna pista, algo que me dijera qué era lo correcto.
Y entonces, mirando la enorme cantidad de entradas que etiqueté con su nombre (muchas más, por ejemplo, que las que hablan de Leandro), lo supe: Ezequiel, el redactor de las zapatillas de lona, es el protagonista de esta historia. De mi historia.
Miré el reloj. Eran apenas las ocho. Tenía dos horas para prepararme, y toda la vida para arrepentirme. Pero finalmente… fui.

Qué nervios!! Ya me parec´´ia que al menos había que escucharlo!
Besos
D
Sí, no?
Hay que ver que se traía bajo la manga…
Espero que sigas con los planes en Cordoba!
Siempre es difícil esa disyuntiva en la que uno se encuentra ante un gran cambio. Siempre implica perder algo, y no siempre estamos preparados para eso.
Yo tambien guardo absolutamente todo! Hace mucho no abro mi caja donde tengo papeles y cosas asi como vos. Que paso? Me muero por saber..
Que intrigaaaaa!!!