All (isn’t) quiet on New Year’s Day, parte II

11 enero 2010

Le pregunté a mi hermano adonde se había ido Fede, pero se encogió de hombros y me dijo que no tenía idea. Desesperada, le pedí a Gabi que lo llamara, o que le mandara un mensaje, pero se había olvidado el celular. Se ofreció para ir a buscarlo, pero algo me decía que ya era demasiado tarde.

Estuvimos un buen rato ahí, pseudobailando, mientras yo cabeceaba para todos lados, buscando a Federico. Por fin, cuando ya el cuello empezaba a dolerme, lo avisté. Efectivamente, estaba hablando con Ezequiel. Y, efectivamente, era tarde: por la cara que tenía, ya sabía todo.


All (isn’t) quiet on New Year’s Day, parte I

11 enero 2010

Además de contarle a Ezequiel, por supuesto, tenía que animarme a enfrentar mis nuevos planes a la mirada de mi familia, y anoticiar a mis amigas.

Por supuesto, no tenía ganas ni de lo uno ni de lo otro, así que decidí economizar esfuerzos: aprovechando que para año nuevo mis viejos y yo la pasábamos solos en casa, les pedi a las chicas que vinieran después de las doce, para brindar juntas y prepararnos para salir.

A la una de la mañana del primero de enero de 2010, los tenía a todos reunidos: a mis viejos, a mi hermano, a mis amigas, y a sus novios. Inclusive, me había arriesgado invitando a Gabriela (que vino con Fede, el amigo de Ezequiel). Les dije que se sentaran en el living de casa, agarré mi vaso de fernet, y hablé:

Paula
Bueno, a ver… tengo algo para decirles. Pero necesito que primero me escuchen y después se enojen o me feliciten…

Sabina
Te casás!!!!!!!!!

Josefina
(al mismo tiempo)

Estás embarazada!!!

Paula
Arrancamos bárbaro, eh

Josefina
Perdón, perdón

Paula
Bueno… cómo les digo….

Rodrigo
Dale, batracio… todavía tengo que ir a saludar a mis amigos…

Paula
(asesinándolo con la mirada)

Esto es importante para mí, y es importante que entiendan que no lo hago para desafiar a nadie, sino para ser feliz…

Rodrigo
Dale, Pau, largalo!

Suspiré, y decidí que era mejor decirlo todo junto, de un tirón.

Paula
Esta semana renuncié a la agencia. Me voy a ir a Córdoba a estudiar Letras. No sé de qué voy a trabajar, pero no me importa mucho… de última tengo mis ahorros como para arrancar… Lo único que quiero es escribir, y voy a hacerlo

Mis viejos me miraban azorados. Mi hermano se levantó y me abrazó fuerte. Mis amigas empezaron a hablar, todas juntas.

Mi padre
Vos estás hablando en serio?

Paula
Sí, papá. Ya dejé mis sueños atrás por mucho tiempo. Ni siquiera mi cuerpo me responde… no puedo seguir haciendo lo que a ustedes les parece que es mejor para mí

Mi padre
Pero es necesario que dejes tu carrera y que liquides tus ahorros? No podés escribir en tu tiempo libre?

Paula
Papá, por Dios! No seas tan necio! Escribir es mucho más que tipear! Yo quiero estudiar a los grandes, estudiar gramática, estudiar composición, prepararme… Además, no les estoy preguntando. Tengo casi 30 años, ya puedo decidir sola!!

El resto de la discusión fue más o menos en la misma tónica. Mis viejos objetando mis decisiones, mi hermano tratando de defenderme, y mis amigas observando la cantinela y cuchicheando. El único que no decía ni hacía nada era Federico.

Cuando logré que al menos todos se calmen, Meli sugirió que fuéramos a una fiesta que había organizado un club para esa noche. Iba a estar llena de pendejos y de borrachos, pero al menos habían prometido buena música y tragos a precios razonables.

Nos dividimos en los autos que había, y salimos para allá. Cuando llegamos, los varones fueron directo a la barra, y nosotras buscamos un lugar poco transitado para quedarnos.

Quince minutos después, los chicos volvieron con cerveza y fernet. Fede no estaba con ellos.


He’s just not that into you

3 diciembre 2009

Tal como imaginaba, el domingo a la tarde empezaron a caerme mensajes de las chicas, que querían saber qué tan bueno era Ezequiel en la cama.

Resignada, les dije que vinieran para mi casa para contarles lo que no había pasado. Las senté en mi pieza, le di el mate a Jose para que cebe, y puse una fuente enorme de facturas en el medio.Hablé como por media hora. Les conté del beso en el recital, de mis dudas, de cómo había intentado negar mis sentimientos, y de lo que me había pasado en el casamiento, y que me había dejado tan mal.

Julieta
Bueno, pero cuando se fueron que pasó?

Paula
Nada. Me subí al auto y él había puesto U2 a mango, que es lo que hace cuando no quiere hablar. Me trajo a casa, nos saludamos, y me fui a dormir

Sabina
Ohhhh, qué lástima!

Melina
No lo puedo creer, boluda. Hubiera jurado que ese pibe estaba muerto con vos

Josefina
Sí, la verdad que hasta yo empezaba a dudar… En el casamiento parecía tu perrito fald…

Jose se detuvo a la mitad de la frase. Me miró, miró a las chicas, y miró a Gabi, que casi no había hablado en toda la tarde.

Josefina
Vos debés saber, no?

Gabriela
No, chicas, no me metan

Melina
Dale, Gabi… mirá como está Pau

Paula
No, chicas, dejen, no la metan en quilombos

Sabina
Dale, Gabi… no sale de acá

Todos los ojos estaban sobre ella. Yo no quería presionar, pero estaba segura de que ella sabía más que nosotras.

Gabriela
Bueno, está bien…

Paula
Segura?

Gabriela
Sí, Pau. Yo a Eze lo quiero y todo, pero vos y yo somos amigas, es mejor que sepas

Paula
(con el corazón a mil)
Te escucho

Gabriela
Mirá, la otra tarde estábamos en la casa de Fede y cayó Ezequiel. Por ahí yo me fuí a preparar el mate, y cuando volvía escuché que Fede le preguntaba porqué te acompañaba al casamiento..

Sabina
Y?!

Josefina
Shhh!!! Dejala hablar!

Gabriela
Bueno…

Melina
Dale!

Gabriela
(bajando la mirada, pero dirigiéndose a mí)

Bueno, le dijo que le daba lástima que fueras sola…

Por supuesto, mis amigas armaron un griterío infernal. Estaban indignadas. Gabi trataba de disculparse por no haberme dicho nada antes, y yo de convencerla que ella no tenía nada que ver en el asunto.

Cuando finalmente todas logramos calmarnos, o sort of, les pedí a las chicas que me dejaran sola. Me tiré en la cama, y me comí las facturas que habían quedado mientras hacía zapping. Estaba por quedarme dormida, cuando sonó mi celular. Atendí sin mirar quién era. E R R O R.

Ezequiel
(gritando MUY fuerte)
Paula, vos le dijiste a Noelia que nosotros dos estamos juntos?


Sí, quiero… parte III

27 noviembre 2009

Iba a escribir que la gente normal hace videos de diez minutos (y no de media hora, como el de Noelia), pero la verdad es que la gente normal NO HACE VIDEOS.

A nadie en su sano juicio se le ocurre que puede ser divertido obligar a los demás a mirar fotos viejas en pantalla gigante, pero ahí estábamos, en medio de una fiesta sobredimensionada, escuchando a nuestra amiga anunciar que veríamos algo “muy especial”.

La primera parte fue por demás aburrida: hicieron un paralelo de las historias de ella y de Mariano, como si a alguno de nosotros nos importara que mientras ella cortaba los dientes él ya aprendía a patear la pelota.

La segunda parte fue por demás melosa: contaron con lujo de detalles cómo se habían conocido, cómo él se le declaró, y cómo ella lo convenció de casarse.

Pero la tercer parte fue la peor: hicieron un compilado de sendas despedidas de solteros. La de él, en una quinta, con un desfile interminable de botellas. La de ella, ya lo saben: en su casa, con mozo y sillas vestidas, y esa simpática coreografía que nos obligó a hacer disfrazadas de conejitas.

A los varones de mi mesa les pareció gracioso ver a sus novias haciendo papelones, pero Ezequiel sabía que no era momento de hacerme chistes al respecto, así que se fue para un costado y se colgó mandando mensajes por el celular.

El video era espantoso. O mejor, yo estaba espantosa. Tenía el maquillaje medio corrido, la ropa no me favorecía para nada, y mi cara de culo mucho menos.  Parecía esas gorditas patéticas que van a Made de MTV para convertirse en porristas, y después lloran porque no tienen ganas de entrenar.

Y entonces, toda la buena onda que tenía hasta ese momento desapareció. ¿Qué hacía ahí, con un acompañante de mentira, fingiendo que estaba todo bien, cuando mi vida venía cuesta abajo? ¿Tanto necesitaba que los demás creyeran que era feliz? Me sentía una perdedora. Quería desaparecer y volver en diez años, cuando todos ya se hubieran olvidado de mí.

Tampoco quería que me vieran en ese estado, así que aproveché que todos estaban distraídos y me fui para el baño. Me quedé un buen rato sentada en un inodoro, aguantando las ganas de llorar para que no se me corriera el maquillaje, discutiendo conmigo misma. Finalmente, respiré hondo y me animé a salir de nuevo.  Iba decidida a buscar a Eze para pedirle que me lleve a mi casa. Era una estupidez: no tenía porqué quedarme ahí, sintiendome mal, y obligándolo a él a escoltarme.

Lo encontré afuera del salón, apoyado en la pared, y hablando con su ex.


Sí, quiero… parte II

27 noviembre 2009

Después de pasar por la Iglesia (bueno, después de una ceremonia con misa que duró una hora y media), fuimos para el salón.

Y si la fiesta de compromiso de Noelia había sido exagerada, la del casamiento no podía quedarse atrás. No tengo idea de la cantidad de dinero que gastaron en esa noche, pero de seguro equivalía a un par de viajes a Europa.

Eze y yo estábamos en la mesa con el resto de las chicas.  Nos sentamos en parejas (chico – chica – chico – chica) y nos dispusimos a hacer lo único que podíamos hacer en ese lugar: comer, tomar, y horrorizarnos.

De cualquier manera, tengo que reconocer que -al menos hasta la mitad de la noche- las cosas transcurrieron con cierta normalidad.  Noelia había planeado hasta el último detalle, y tenía cagando a todo el mundo. Todo estaba cronometrado: las comidas, los fuegos artificiales, los momentos para bailar.

Eze estaba contentísimo con su rol de acompañante. Me corría la silla para que me siente, no dejaba mi vaso vacío ni dos segundos, y me arrastraba a la pista para que bailemos. Sabi me miraba desde la silla (su novio odia bailar) y le brillaban los ojitos. Supongo que ya estaba planeando mi despedida de soltera, aunque yo todavía no estaba segura de qué pensar.

Como decía: todo transcurría con cierta normalidad. Pero a eso de la una, la novia pidió el micrófono. Hiperexitadísima, anunció lo que tanto temíamos con mis amigas: EL VIDEO.


Party time, parte III

8 noviembre 2009

La idea era, antes de que Noelia decidiera incorporar a su husband to be a la despedida, tomar algunos tragos, escuchar temas de nuestra adolescencia, y cumplir con el ritual del disfraz y el paseo en auto por el centro (habíamos alquilado uno de princesa para ella, y coronitas y velos para nosotras).

Pero gracias a la gran idea de la homenajeada (por cierto, estoy siendo sarcástica) tuvimos que dejar todo de lado. Mariano dispuso que teníamos que tomar daikiris, y los hombres se pusieron a jugar al póker, mientras Noelia nos contaba, OTRA VEZ, todos los detalles del casamiento.

Además de las chicas de siempre, con sus respectivos (lo que -claro- incluía a Melina y a mi hermano), estaba invitada Gabi, que llegó un rato más tarde con Fede… y Ezequiel.

Cuando los vimos entrar, Meli me buscó con la mirada. Yo la miré arqueando las cejas y me encogí de hombros. Supuse que, como Gabi no sabe de ese condenado beso, le había pedido a Eze que fuera a la reunión para hacerme la pata… y él no había podido negarse.

De cualquier manera, me las ingenié para quedarme sola con él, en un pasillito, y preguntarle.

Paula
Eze, qué hacés acá?

Ezequiel
Nada, estaba en la casa de Fede cuando Gabi lo llamó para decirle que tenía que venir con ella a la despedida, y no tenía ganas de quedarme encerrado en mi casa…

Paula
Y Martina?

Ezequiel
Eh…

Paula
Se pelearon?

Ezequiel
Me dejó

Paula
Pero… cuándo?

Ezequiel
Ayer. Me dijo que su ex había aparecido, y que quería volver a intentarlo

Paula
Pará! Estamos hablando del pibe por el que te dejó la otra vez?

Ezequiel asintió. Parecía realmente dolido, y decidí que era la oportunidad ideal para retomar nuestra amistad en el lugar donde la habíamos dejado, justo antes del recital.

Entre los dos ideamos un plan para poder escapar de la despedida. Yo me hice la descompuesta, y él se ofreció a llevarme. Nos fuimos a un bar que nos gusta mucho a los dos, y nos quedamos charlando hasta la madrugada. Él habló de Martina, y yo de Leandro. Cuando el sueño empezó a vencernos, y a hacernos decir muchas pavadas, me llevó a casa.

Me estaba bajando del auto, muerta de risa de sus imitaciones de Homero Simpson, cuando -de repente- se puso serio y me agarró la mano.

Ezequiel
Che, Pau

Paula
Qué pasa, chango

Ezequiel
Me alegra que hayamos vuelto a la normalidad

Paula
A mí también, amigo. A mí también


Camarones y brillantina, parte III

13 octubre 2009

Eso (tener que bailar con dos strippers todos aceitados y con cara de boludos) fue el principio de una noche repleta de exentricidades fuera de lugar.

Para que se den una idea, después de la primer tanda de baile, un mozo (¡éramos cinco invitadas! ¡cómo va a contratar mozo!) nos repartió una carta con el menú detallado, escrito en letras doradas: cóctel de camarones de entrada, crocante de lomo con salsa y mil hojas de papas como plato fuerte, y una mousse de maracuyá  como postre. Para tomar, obviamente, sólo champagne.

Alternando con cada plato, tuvimos que mirar un powerpoint de cincuenta diapositivas con fotos de toda nuestra infancia y adolescencia (las seis fuimos juntas al colegio desde primer grado),  escuchar un discurso de Noelia, bailar con los strippers, soportar su show pedorro, y entusiasmarnos cuando nos repartieron cotillón.

En un momento, Meli y yo logramos escaparnos al baño, y aprovechamos para comentar lo desmedido del asunto.

Melina
Boluda, vos te imaginás lo que va a ser el casamiento?

Paula
Y, como mínimo, va a traer a Luis Miguel para que le cante el Ave María a la entrada de la iglesia

Melina
(haciéndose la entusiasmada)

Sí, y alguna banda de cuarteto para que toque en vivo! Y algún show de capoeira o una murga…

Paula
(recordando el tema de mi hermano y su extraña invitación)

Che, Mel, hablando de otra cosa… qué hacés el jueves a la noche?

Melina
Irme a dormir temprano! Ezequiel me dijo que al final salimos a eso de las siete para Buenos Aires… quiero estar descansada

Paula
Ajá… pero en serio… el jueves…

Melina
Qué?

Paula
Bueno, no te entusiasmes demasiado porque a lo mejor me lo dijo para que no le siga preguntando por el llamado…

Melina
Eh?

Paula
Uy, nena, dejame hablar! Mi hermano te invitó a cenar con nosotros el jueves. Vamos a comer pizza y a mirar alguna peli…

Melina
Qué amor!!!

Paula
Pará!!!! Me lo dijo recién, cuando nos bajamos del auto. Yo le estaba preguntando por el llamado, te acordás?

Melina
Sí, tarada, no tengo arteroesclerosis! Qué tiene que ver el llamado?

Paula
Y, que estaba incómodo, como que no quería contarme… y capaz me dijo eso de invitarte para cambiarme el tema

Melina
Ah, que buena onda que sos, eh!

Paula
(abrazándola)

No, tonta, nada más no quiero que te hagas la cabeza al pedo… vos sabés que mi hermano es bastante especial para enamorarse…

Melina
Y quién habla de amor, acá? Yo a tu hermanito me lo quiero c…

Paula
(tapándome los oídos y dando saltitos)

La la la la la la la la la la

En ese momento, Noelia nos vino a buscar, para que veamos una de todas las sorpresas de la noche (creo que ahí fue cuando vimos el power point), así que no pudimos terminar de ponernos de acuerdo. De cualquier manera, era obvio que Meli estaba más que dispuesta a cambiar unas horitas de sueño por una cena con Rodrigo.

Cerca de las tres de la mañana, todas empezamos a buscar excusas para irnos. Pero no pudimos dejar la fiesta hasta que no dejamos que Noelia herself nos maquillara con purpurina y nos pusiera orejas de conejita, para sacarnos fotos… y filmar un video que los doscientos cincuenta invitados al casamiento van a tener el placer de ver.


Camarones y brillantina, parte II

13 octubre 2009

Todavía sorprendida por el repentino (¿o fingido?) interés de mi hermano por mi mejor amiga, entré con Meli a la casa de Noelia. A pesar de que ya era tarde,  fuimos las primeras en llegar.  Nos sentó por ahí, y nos pidió que esperáramos un rato y que por nada del mundo saliéramos del living.

El resto de las chicas fue cayendo de a poco, con la misma cara de mala onda que teníamos nosotras. Cuando estuvimos todas, Noelia desapareció y nos volvió a pedir que esperáramos. Al rato, empezó a sonar una de esas canciones cachondas de película triple x.  Nos llamó, con una voz que pretendía ser sexy. Pasamos al quincho. Había luces de colores, una bola de espejos, y una mesa enorme, con comida como para veinte y sillas vestidas. Al costado, un par de flacos oficiaban de DJ e iluminador, respectivamente.

Con las chicas nos miramos, desconcertadas, buscando con la mirada a Noelia. Meli me dijo al oído que tal vez había adelantado el casamiento, porque -aún para ella- tamaño despliegue parecía demasiado.

Y entonces, hizo su gran aparición. Vestida como una conejita. Jugando con una boa de plumas. Maquillada con purpurina. Y escoltada por dos strippers.

Noelia
(con la misma voz pseudo sexy de antes)

Hola chiiiiiiiiiiicas!!!!!!!!!!!!! Bienvenidas a mi fiesta!!! Hoy vamos a portarnos maaaaaaaaaaaaal!!!!

Y, ahora con música de carnaval carioca de fondo, los dos pibes se acercaron para sacarnos a bailar.


Dead – line

26 septiembre 2009

Ayer salimos con Leandro y las chicas. Noelia no fue, así nos salvamos de escuchar, de nuevo,  su monotemática conversación. Cenamos en nuestro bar preferido, charlamos pavadas, y tomamos fernet con coca (tal vez demasiado fernet con coca). Después de un rato, Rodrigo pasó por el bar, se llevó al español para otro rincón, y nos dejó solas para que pudieramos sacar nuestras conclusiones.

Melina
Che, divino el flaco… no, chicas?

Sabina
Ay sí, Pau! Qué linda parejita! Los re veo casándose en París, y pasea…

Josefina
(haciéndole una seña para que se calle)

Pau, todo bien, pero… cuándo se va? O se queda con vos?

Sabina
Andate con él!!

Paula
No sé, chicas, según me había dicho mi hermano, vino por un mes a Argentina…

Josefina
Y cuánto hace que está acá?

Paula
Y… hoy hace un mes justo que nos conocimos…

Melina
Entonces ya se va?

Paula
No sé! Nunca quise tocar el tema… hablemos de otra cosa, sí? No me quiero poner mal…

Una hora más tarde, Leandro me hizo señas desde lejos, para que nos vayamos. Me despedí de las chicas, y fuimos para el hotel.

Leandro
Te molesta si me baño? No me gusta el olor a humo, y estoy que apesto

Paula
Dale, te espero

Leandro
(dándome un beso rápido)

Ya vuelvo… no te vayas, eh?

Paula
(besándolo, también)
Por nada del mundo

Apenas desapareció detrás de la puerta, se me ocurrió que -como para variar un poco- podía meterme con él en la ducha. Era un cliché, pero uno efectivo.

Me desvestí, y abrí el placard para buscar una toalla para mí. Ahí estaban todas sus cosas: su ropa pseudo geek, su notebook, algunos CDs, y su perfume. Y, arriba de todo, llamándome a abrirlo, uno de esos sobres que te dan las aerolíneas con los pasajes adentro. Ahí estaba la respuesta a la pregunta que me habían hecho mis amigas. La respuesta a la pregunta que había venido evitando. La respuesta a la pregunta que no quería hacer.

En un impulso, lo abrí. Había un solo pasaje. A nombre de Leandro. Y para el domingo 4 de octubre.


Comfortably numb

22 septiembre 2009

Desde que Leandro me pidió que fuera su novia, el resto de las cosas comenzaron a fluir mágicamente. O mejor: dejaron de importarme…

En mi casa, mi madre suspira preocupada todo el día, porque mi tía no mejora. La vieja, por su parte, me dice cosas espantosas cada vez que me ve. Y mi viejo se queda hasta cualquier hora en el trabajo, para no ser parte de la comedia. Yo los miro a todos como si fuera, justamente, la novela de las cinco: desde afuera, comiendo pochoclo imaginario, y divirtiéndome pensando en lo que va a ocurrir después.
Mi fantasía más recurrente es que la tía estira la pata, y nos deja a Rodri y a mí toda su herencia. El otro día se la conté  (a Rodrigo, no a la vieja!), y nos pusimos a hacer planes para el dinero que recibiríamos. Empezamos con un convencional viaje por toda Europa, y terminamos muertos de risa, diciendo cosas como “una casa igual a la de Los Simpsons”, “homenaje a tipo ese de los cocodrilos” y “carrera de cantante”.

En el trabajo, la voz de Natalia dejó de molestarme, y las ideas de mi jefe empezaron a parecerme geniales. Ni siquiera me altera el recurrente malhumor de Mauro, o que Ezequiel se cuelgue hablando con alguno de los chicos de su banda, mientras yo hago el laburo de los dos.

De nuevo en el (des)orden familiar, y ahora que más o menos entendió que no le voy a hacer caso, Rodrigo parece estar dispuesto a vernos al español y a mí tomados de la mano. Todavía no tolera besos ni expresiones cursis, pero eso -en su cabecita de hermano guardabosques- siempre fue un problema. Este jueves hacemos dinner & movies: el español cocina paella, y estamos bajando la última temporada disponible de The Office.

En cuanto a las chicas, cada una ya tomó partido. Excepto Noelia, que sigue hablando de su casamiento hasta por los codos. Este viernes nos vemos. Ellas, Leandro, y yo. Whish me luck.


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