The ugly truth, parte I

2 noviembre 2009

Conociendo a mi hermano (que cuando quiere algo, va y lo agarra sin preguntar demasiado) y a Meli (que sueña desde que me acuerdo con mi hermano), era obvio que iban a empezar a salir. A ponerse de novios, bah.

Pero en ese momento, con el barullo que tenía en mi cabecita, no estaba como para procesar esa noticia. No porque me joda (no me jode) o porque me preocupe (no tendría por que) sino porque… son mi hermano y mi mejor amiga!!

De cualquier manera, traté de ponerme en situación y de manifestar algo de alegría. Le juré ocho veces que mi hermano no me había contado nada, la felicité, y arreglamos para encontrarnos esa misma noche para comer juntas y charlar.

Como buena amiga, dejé que me contara algunos detalles de la declaración de amor de mi hermano (no se molesten en imaginarse mariachis o cena con velas: Rodrigo no es así) y después respiré hondo, decidida a contarle mi asunto con Ezequiel.

Paula
… y bueno, entonces… me dio un beso, y yo…

Melina
Guatdefacccccckkkkkkkkkkk!!!! Cómo que te dio un beso? Y así me lo decís?

Paula
Pará, zarpada! Se va a enterar todo el bar! Sí, me besó, y yo lo besé

Melina
Y después?

Paula
Nada, Meli. Cuando nos íbamos me agarró la mano, pero yo me asusté y salí disparando…

Melina
NO!!!! Y después?

Paula
Y vos viste… no me dio más bola… Y en Parque Rivadavia agarró y me dijo que teníamos que hacer de cuenta que no nos habíamos besado

Melina
Chan! Y no le dijiste nada!?

Paula
Qué sé yo… le dije que de alguna manera íbamos a solucionar todo… no sabía que hacer, boluda!!!

Melina
Bueno, y ahora?

Paula
Ahora nada… porque volvió con la ex, con Martina

Melina
En serio? Pero es boludísimo ese pibe!!!!

Paula
No, Meli, está bien… así es mejor

Melina
Ay, Pau. Vos sabés lo que yo pienso de Eze y vos… La verdad, no sé por qué en vez de dar tantas vueltas no se casan y tienen diezmili hijitos, y listo, todos felices

Paula
Vos sabés por qué!

Melina
No me digas que seguís con eso de lo que dijo hace mil años, nena!!

Paula
Y sí, obvio que sigo con eso! Dijo que no saldría jamás con una gorda! G O R R R D A, dijo, Meli! Así, como con odio! Te juro que el beso fue genial, pero trato de imaginarme una historia con él, y me viene eso a la cabeza, y todas las novias flaquísimas y estupidísimas que tuvo…

Melina

Paula
Mirá Martina, lo cagó mal, y ahí están… juntos de nuevo…

Melina
(abrazándome)

Bueno, pará, calmate…

Paula
Es que no terminé…

Melina

Paula
También está el tema de Leandro

Melina
(gritando MUY fuerte)
Apareció?

Paula
No! Qué va a aparecer! Pero todavía no pude cerrar esa historia… Como que una parte de mí todavía lo espera…

Meli  se quedó un buen rato callada, mientras tomaba despacito su trago. Después suspiró, se desperezó, y me miró muy seria.

Melina
O sea, el tema es que él tiene una novia flaca, que vos no te olvidás de lo que dijo hace cuatro años de las mujeres gordas, y que seguís queriendo a Leandro

Paula
Básicamente

Melina
Bueno, como dice mi madre, todojunto no se puede

Paula
Entonces?

Melina
Entonces, empecemos por el principio: vos querés estar con Ezequiel?


The end in the beginning

28 octubre 2009

Ezequiel empezó a trabajar en la agencia un par de años después que yo. Por esa época, no sólo estaba bastante más gorda que ahora, sino que era totalmente descuidada con mi apariencia. Me vestía con jeans y remeras de algodón baratas, usaba una cola de caballo todo el día, y no me maquillaba ni para salir.

Cuando lo vi entrar a la oficina, maldije interiormente el hecho de ser tan vaga. Eze era (es) extremadamente lindo, y  todo en él es potencialmente seductor. Pero, además, ese día tenía puesta una remera de U2, y eso para mí fue como una epifanía.

Obviamente, me pasé la mañana imaginado un escandaloso romance, con lujo de detalles. Pero -ese mismo día, en el almuerzo- él dijo algo que cambió completamente mi mirada sobre su persona.

Estaba sentado con el resto de los varones, y hablaban de no sé qué modelo.

Mauro
Igual, una mina así jamás nos daría bola…

Ezequiel
No, obvio. Pero yo tampoco le daría bola a una mina gorda, o que no se cuide… no me importa si no es tan linda, pero gorda, no

En ese momento, de tanta bronca, me propuse bloquear cualquier pensamiento romántico que pudiera tener hacia él. Y me salió bien, porque nunca más pude mirarlo de ese modo. Es más. Con el tiempo, a fuerza de horas de trabajo compartidas y de una afinidad innegable, nos hicimos muy amigos.

Por eso, el beso del recital me había descolocado tanto. Porque yo no soy para nada su tipo, aunque haya bajado de peso y le haya perdido el miedo al pelo suelto. Porque mi cabeza tiene prohibido dejar que él me movilice. Y porque, justamente, somos amigos. Y los amigos no se besan.

Ezequiel
Vas a decir algo?

Lo miré con cara de nada. ¿Qué le iba a decir? Su ex, Martina, es hermosa, y -obvio- flaquísima. Yo no. Su ex (después de dejarlo por otro) lo viene persiguiendo hace meses. Yo me escapé después de besarnos, le solté la mano cuando buscó respuestas, y -lo que es peor- sigo medio del todo enamorada de Leandro. Su ex nunca fue su amiga. Yo soy como su hermana.

Definitivamente, no tenía sentido que siguiéramos dándole vuelta al asunto  Había sido un momento de debilidad, una mala combinación de nostalgia y canciones de amor. Nada más que eso.

Ezequiel
Eu, te estoy preguntando!

Paula
(mirando fijo a la pantalla)

Ya terminé con la primera parte. Querés verla o se la paso a Gabriela?


Back to reality

27 octubre 2009

Hoy volví al trabajo.

Gonzalo insistió en que me tomara todo el tiempo que quisiera, pero la verdad es que mi hermano se estaba encargando de los trámites, y mi mamá -la única que realmente había sentido lo de mi tía- había decidido volver a trabajar, para distraerse. No tenía sentido que me quedara en mi casa, con tiempo libre para pensar en Leandro, o repetir en mi cabeza, una y otra vez,  la imagen del beso con Ezequiel.

Cuando llegué a la agencia, todos  se acercaron a intentar consolarme. Excepto Gabi, que había estado conmigo el domingo. Y Ezequiel, que apenas si me saludó desde su silla.

La mañana transcurrió tranquila. Fuimos a almorzar con las chicas, y volvimos enseguida, porque Gonzalo me había pedido que nos reuniéramos temprano. Cuando llegué a su oficina, Eze estaba sentado ahí, con cara de orto y los brazos cruzados sobre el pecho.

Gonzalo
Pau, sentate

Paula
Qué pasa? No me asustes!

Gonzalo
Nada, chiquita, tranquila…

Ezequiel
(sin mirarme)

Tenemos que armar una carpeta para ……………. . La necesita para mañana y no hay nada hecho

Paula
Por mí no hay drama. Nos dividimos el trabajo entre los dos y listo, les parece?

Gonzalo
Sí, justamente hablábamos de eso. Pero no quiero que nadie los joda. Así que váyanse a la sala de reuniones, que no les pasen llamadas ni los interrumpan. Gabi ya está preparando el diseño, a medida que tengan los textos se los van pasando…

Nos fuimos, en silencio, a buscar nuestras notebooks. Nos metimos en la sala. Yo me ubiqué cerca de la ventana. Ezequiel se sentó en la otra punta. Nos dividimos los temas y empezamos a trabajar.

Como a la media hora, Eze se paró y se acercó.

Ezequiel
Mirá, si vamos a tener que seguir laburando juntos, tenemos que ser honestos, no?

Paula
(sin entender nada)

Emmm… sí, obvio. Pero a qué viene eso?

Ezequiel
Bueno, yo te lo digo… total…

Paula
(sin entender, todavía)

Ay, dale… I can handle it…

Ezequiel
Ok…Volví con mi ex


I wouldn’t normally do this kind of thing

21 octubre 2009

Apenas terminó la canción, de la misma forma en que nos habíamos acercado, nos separamos. Desconcertada, dejé que el tumulto me tirara para atrás, y busqué al resto del grupo para quedarme con ellos.

Me sentía mal, avergonzada. Un momento estaba pensando en Leandro, y al minuto siguiente besando a uno de mis mejores amigos (y, by the way, compañero de oficina). ¿En qué estaba pensando? ¿Tan poco valor tenían las promesas que le había hecho al español? ¿Tan poco me importaba arruinar una amistad de años?

Cuando terminó el recital, esperamos que Ezequiel se acercara y empezamos a caminar hacia la salida. Fede y Gabi iban abrazados. Él le decía cosas al oído, ella se reía tapándose la boca. Mi hermano y Meli todavía no se animaban a nada, y caminaban cerca uno del otro, pero sin tocarse siquiera. Yo iba en automático, siguiendo al resto.  Ezequiel, que se había demorado tomando fotos del predio semivacío, nos seguía un poco más atrás.

Justo antes de salir, se puso a la par mía. Me agarró la mano, y me la apretó fuerte, como esperando que hiciera o dijera algo, pero no pude reaccionar. Su presencia, su perfume, su mano sosteniendo la mía, eran más de lo que podía manejar en ese momento.

Eze me miró de reojo, impaciente. Y entonces, como no sabía que hacer, lo solté, y me apuré para alcanzar a Meli y Gabi, que me llamaban para sacarnos la enésima foto del día.


(You’re creating) Pandemonium

21 octubre 2009

El viernes, tal como teníamos planeado, salimos temprano para Buenos Aires. Llegamos al mediodía, fuimos al hotel para instalarlos, y buscamos un lugar para almorzar (si es que esas milanesas de cartón y esas papas fritas gomosas que comimos pueden llamarse almuerzo).

Las puertas del Club se abrían a las cinco, pero estábamos tan ansiosos que llegamos más o menos a las cuatro y media. Como no había casi nadie haciendo cola, hicimos tiempo tomando café en un barcito, hasta que nos dejaron entrar al predio.

En el ingreso, nos dieron unos unos pañuelos colorinches, que todos nos atamos en la muñeca (aunque los varones del grupo protestaron un poco). Dimos un par de vueltas y nos instalamos en el escenario principal. Eze y yo queríamos ver el recital bien de cerca, así que nos acodamos en una de las vallas del costado. El resto se quedó más atrás, menos dispuesto a ser apretujados que nosotros dos.

Los primeros recitales fueron un embole, gracias a la combinación de la poca onda de las bandas que tocaron, y la escasez de gente. Más hacia la noche, fue el turno de Nile Rodgers & Chic, que preparó el ambiente con un despliege interesante de hits. Y después, claro, Pet Shop Boys.

Arrancaron bien arriba, con Heart. Siguieron otros clásicos, y algunos temas que nadie esperaba que tocaran. Igual, Eze y yo estábamos extasiados: se tratara de un hit o de un b-side,  todo nos hacía gritar y saltar. Éramos como dos chicos en una juguetería.

Pero, promediando la noche, los Pet se metieron en una especie de bloque relajado, con temas más tranquis. Y en ese momento, con la adrenalina un poco más abajo, me puse a pensar en Leandro, que desde que se fue no ha dado señales de vida.

Recorrí nuestra historia, como en un flash, y me detuve en la última vez que nos vimos. Estábamos en la puerta del hotel. Un taxi esperaba -impaciente- para llevarlo a la terminal de ómnibus, pero no podíamos dejar de abrazarnos. Yo lloraba, y él me pedía que no lo olvidara.

De vuelta en el Personal Fest, Neil cantaba Jelaousy, que -odiosa casualidad- es un tema que le gusta al español. Ezequiel me vió llorar y me abrazó.  Yo me apoyé en su hombro, y me dio un beso en la cabeza. Me di corrí un poco y me di vuelta para mirarlo: él también parecía estar triste.

Entonces, pasó lo que no tenía que pasar. No sé si fue el efecto embriagador de  la música, o el hecho de estar sintiéndonos solos en medio de miles de personas, pero  nos besamos.  Una vez. Y otra. Y otra más… hasta que terminó esa maldita canción.


Gone, baby, gone

4 octubre 2009

Leandro se fue. Me pidió que no lo llame, ni le escriba; me repitió que necesita estar solo, ponerse en orden, volver a su centro.

Yo, por ahora, acepto.

Y sé que parece un sinsentido, esto de esperar. Que pueden ser días, semanas, o meses. Que quizás nunca pase, que no hay garantías.

Y sé, también, que se vienen días duros. Que cada vez que entre a ver mis mails, voy a tener un nudo en la panza, esperando un mensaje suyo. Que voy a tener que borrarlo del messeger, morderme los labios para no pedirle su teléfono a mi hermano, contenerme para no cometer la locura de ir a buscarlo.

Pero igual, acepto. No porque tenga verdadera vocación de Penélope, o porque me guste sufrir. Pero, de momento, esperarlo -esta forma rara y perversa de esperarlo- es mejor que no tener nada.


All these things that I’ve done

4 octubre 2009

Mi primera reacción fue, aunque los sorprenda, no llamarlo. ¿Para qué? -me pregunté- ¿Para forzar una despedida? ¿Para darnos un último beso, que no cambiaría en nada la historia? Pero, después de pensarlo mejor, me di cuenta de que Leandro tenía razón. Si no nos veíamos, si dejábamos esa horrible discusión afuera del bar como nuestro final, estábamos borrando todo lo bueno que había tenido conocernos.

Temblando como una adolescente, lo llamé al hotel, y acordamos vernos en mi casa. Llegó, puntual, a la media hora. Nos dimos un beso en la mejilla, fuimos al patio, y nos sentamos en la hamaca, la misma donde me había contado su historia.

Leandro
Lo siento, Paula. Debí habértelo dicho…

Paula
(sorprendida de que comenzara a hablar reconociendo su error)

Yo también lo siento. Tendría que haberte preguntado… y te lo grité en el medio de la calle…

Leandro
Necesito que me entiendas… yo…

Evidentemente, estaba nervioso. Sacudía el pie frenéticamente, y miraba todo el tiempo para otro lado.

Paula
(agarrándole la mano)

Está bien, tranquilo… decime

Leandro
Cuando tu hermano me ofreció venir a Argentina, acepté porque pensé que me serviría para poder alejarme y pensar, pensar en qué había hecho de malo para que mi casi esposa me dejara, pensar en cómo seguir con mi vida…

Paula
Entiendo…

Leandro
Y entonces, apareciste tú…

Paula

Leandro
Y ya no pude pensar! Todos estos días tan maravillosos contigo, no me dejaron pensar.  Y eso fue bueno, porque pude poner distancia de todo lo que pasó, pero también creo que llegó el momento de que me enfrente a mis problemas…

Paula
Entonces?

Leandro
Entonces, no puedo quedarme, porque tengo que volver a mis obligaciones. En España tengo trabajo, tengo a mi familia, mis amigos. Y no puedo pedirte que vengas conmigo, porque mientras esté contigo, no puedo pensar… Por eso me voy, y por eso me voy solo. Porque necesito quedarme solo. Poner en orden mi vida. Y después, no sé… quizás…

Paula
(ansiosa)

Quizás qué?

Leandro
Quizás podamos intentarlo

Paula
Supongo que eso me convierte en… Penélope

Leandro
No lo sé… no quiero obligarte… no puedo obligarte a esperame

Y ahí nos quebramos los dos. Nos abrazamos, llorando, y nos quedamos así hasta que logramos calmarnos un poco. Él se iba a Buenos Aires el sábado a la noche, para tomar el avión el domingo. Eso nos dejaba apenas un par de días para despedirnos. Yo pedí el viernes en la agencia. Él le pidió a los encargados del hotel que no le pasaran llamadas.


It ain’t over till it’s over

1 octubre 2009

Fecha: hoy, hace un rato
De: Leandro
Para: Paula G
Asunto: “Que gane el quiero la guerra del puedo”

Este no puede ser el final. No podemos dejarnos así. Por favor, hablemos antes de que me vaya.

L.

¿Qué hago? Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!!!!!!!!


Sunday, bloody Sunday

30 septiembre 2009

El domingo me levanté como a las cinco de la tarde, y me quedé encerrada en mi habitación. Hacía demasiado frío para ser primavera, y yo estaba con un humor de perros. No tenía ganas de hablar, ni de escuchar a nadie. Menos a mi familia.

Abrí un documento de Word, y empecé a anotar ideas al azar. ¿Tenía que buscar a Leandro, o dejar que se fuera sin volver a verlo? Y si lo buscaba, ¿era para putearlo, para darle un cierre más civilizado a nuestra historia, o para pasar juntos los últimos días de su estadía en Argentina? Pasé un par de horas buscando pros and cons, pero no pude sacar nada bueno. Estaba perdida. Dolida. Furiosa.

Decidida a sacarme la mala onda de encima, busqué otra cosa para hacer. Probé mirando media docena de capítulos viejos de Los Simpsons, escuchando varias veces Bullet the blue sky, y ensayando frente al espejo como si fuera audicionar para Latin American Idol, con Cuando los sapos bailen flamenco. Armé un calendario para ir tachando los días que faltan para un viaje que  Meli, Gabi, Ezequiel, mi hermano y yo tenemos planeado. Leí blogs, comenté, y respondí comentarios. Pero seguía sintiéndome mal. De hecho, peor.

Quería llamar a mi hermano, pero no tenía ganas de escuchar sus reproches. Pensé en hablar con alguna de las chicas, o preguntarle a Gabi como le había ido con el baterista de Brits, pero no tenía ánimo siquiera para mandar un mensaje.

Bajé a buscar algo para cenar. Ya se había hecho tarde, y al día siguiente teníamos las entrevistas para el reemplazo de Natalia.  Así que me atiborré de carbohidratos, apagué el celular, e hice lo más racional que se me ocurrió: me tomé un mojito bien cargado, y me fui a dormir.


Chau, chau, adiós

29 septiembre 2009

Natalia hablaba y hablaba. Estábamos paradas afuera del bar, y cada vez que se abría la puerta, yo rogaba que alguien apareciera algún conocido que pudiera rescatarme. Pero no: todo el mundo se divertía adentro, mientras mi cuasi ex compañerita me daba la lata con sus dramas de colegio primario. Faltaba que me dijera que fulanito le había pedido arreglo, y estábamos completas.

Natalia
Y vos? Quién es ese chico? Estaban peleando?

Paula
Mi nov… Leandro. Un amigo de mi hermano. Estábamos saliendo, pero ahora se vuelve a España, así que nada… eso

Natalia
(fingiendo empatía)
Ay, qué pena, Pauli! Un chico tan lindo!

Paula
Sí, qué pena

En ese momento, ví pasar a Ramiro, un amigo de mi hermano que me cae bastante mal. Pero no era la hora, ni el lugar, ni el momento de ponerme selectiva. Lo saludé con la mano, y se acercó. Hechas las presentaciones del caso, encontré la manera de que se ofrezca a llevarnos a nuestras respectivas casas. Primero me dejó a mí, aunque la casa de Natalia quedaba de paso, y después la llevó a ella. Oh, sí! -pensaba después mientras subía a mi habitación- Vamos a terminar saliendo los cuatro: ella, este mamerto, mi hermano, y yo. Qué patético.

Un rato más tarde, ya acostada en mi cama, y -sobre todo- lejos de la cama de Leandro, la conversación con Natalia empezó a rebotar en mi cabeza: Leandro. Un amigo de mi hermano. Nadie. Nada.

Sí, nada. Qué pena, no?


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