Natalia hablaba y hablaba. Estábamos paradas afuera del bar, y cada vez que se abría la puerta, yo rogaba que alguien apareciera algún conocido que pudiera rescatarme. Pero no: todo el mundo se divertía adentro, mientras mi cuasi ex compañerita me daba la lata con sus dramas de colegio primario. Faltaba que me dijera que fulanito le había pedido arreglo, y estábamos completas.
Natalia
Y vos? Quién es ese chico? Estaban peleando?
Paula
Mi nov… Leandro. Un amigo de mi hermano. Estábamos saliendo, pero ahora se vuelve a España, así que nada… eso
Natalia
(fingiendo empatía)
Ay, qué pena, Pauli! Un chico tan lindo!
Paula
Sí, qué pena
En ese momento, ví pasar a Ramiro, un amigo de mi hermano que me cae bastante mal. Pero no era la hora, ni el lugar, ni el momento de ponerme selectiva. Lo saludé con la mano, y se acercó. Hechas las presentaciones del caso, encontré la manera de que se ofrezca a llevarnos a nuestras respectivas casas. Primero me dejó a mí, aunque la casa de Natalia quedaba de paso, y después la llevó a ella. Oh, sí! -pensaba después mientras subía a mi habitación- Vamos a terminar saliendo los cuatro: ella, este mamerto, mi hermano, y yo. Qué patético.
…
Un rato más tarde, ya acostada en mi cama, y -sobre todo- lejos de la cama de Leandro, la conversación con Natalia empezó a rebotar en mi cabeza: Leandro. Un amigo de mi hermano. Nadie. Nada.
Sí, nada. Qué pena, no?
Escrito por Paula G 