En la facultad, era amiga de una chica que siempre quería evangelizar a todo el mundo.
Cada vez que me atrevía a quejarme por algo, por ejemplo, ella empezaba con el verso de Dios sabe lo que hace. Y cada vez que me atrevía a ponerme contenta, me recordaba que gracias a Dios yo tenía esto o había conseguido aquello.
Yo me divertía diciéndole barbaridades, como que Dios no tenía tiempo para hacerme renegar adelantando una fecha de examen, pero ella insistía siempre en lo mismo: me decía que todo es parte de un Plan Maestro, que no podemos discutir, y que tenemos que aceptar (aceptar y agradecer, como los horribles regalos que hacen las tías solteronas para Navidad).
Anyway…
Estos últimos días, pasaron tantas cosas, y tan diferentes, que estoy a punto de darle la razón: esto no puede ser otra cosa que un plan de un Dios muy aburrido, y con muchas ganas de jugar conmigo.
Escrito por Paula G 